EL ACABADO FINAL: Cómo elevar tus platos con aceites de primera presión
En la cocina profesional, los grandes detalles suelen marcar la diferencia entre un plato correcto y una experiencia memorable. Uno de esos secretos está en el uso del “crudo”, es decir, la incorporación de ingredientes sin someterlos a cocción para conservar intactos sus aromas, matices y propiedades. Dentro de este universo, el aceite de oliva extra virgen ocupa un lugar privilegiado. Más que una grasa culinaria, se ha convertido en un ingrediente de acabado capaz de transformar por completo la percepción de un plato.
Cuando un chef añade unas gotas de aceite justo antes de servir, no lo hace únicamente por estética. El objetivo es potenciar aromas, aportar profundidad y crear un contraste fresco que complemente la preparación.
Un aceite de primera presión en frío conserva notas vegetales, frutadas y herbáceas imposibles de mantener tras largas cocciones. Ese perfume a hierba recién cortada, tomate verde o almendra fresca puede despertar sabores dormidos y añadir una dimensión completamente nueva.
La cocina contemporánea ha recuperado esta práctica con una mirada más técnica y sensorial. Hoy se entiende que el calor excesivo destruye parte de los compuestos aromáticos más delicados del aceite. Por eso, utilizarlo en crudo permite aprovechar todo su potencial organoléptico. En restaurantes de alta cocina y también en propuestas más tradicionales, el aceite de oliva extra virgen se utiliza como el último gesto del cocinero, casi como si fuera un condimento aromático de precisión.


Uno de los ejemplos más claros se encuentra en la pasta. Un plato aparentemente sencillo puede cambiar radicalmente con el aceite adecuado. Una pasta fresca de espinacas con parmesano, pimienta negra y unas gotas de un aceite intenso gana frescura y complejidad inmediatamente. El aroma verde del aceite se mezcla con el vapor del plato caliente y crea una experiencia olfativa que anticipa el sabor antes incluso del primer bocado. El resultado es una sensación más viva, más elegante y mucho más equilibrada.


En las cremas de verduras ocurre algo similar.
 Una crema de calabacín, puerro o judías verdes puede resultar suave y reconfortante, pero a veces necesita un contraste que aporte personalidad. Ahí es donde entra el aceite en crudo. Un hilo fino de aceite de oliva extra virgen añade notas vegetales que refuerzan el sabor natural de las verduras y aporta una textura sedosa en boca. Además, el brillo superficial mejora visualmente el emplatado, un aspecto esencial en la gastronomía profesional.

El uso del aceite como acabado no se limita a platos salados. En los últimos años, la repostería ha descubierto el enorme valor gastronómico de los aceites de alta calidad. Un helado de vainilla, un bizcocho de cítricos o incluso una mousse de chocolate negro pueden enriquecerse con unas gotas de aceite justo antes de servir. El contraste entre el dulzor y las notas herbáceas genera una sensación sofisticada y sorprendente. En algunos casos, el aceite aporta incluso recuerdos afrutados que sustituyen o complementan ingredientes tradicionales como la mantequilla o las natas.
La clave está en elegir el aceite correcto para cada elaboración. No todos los aceites tienen la misma intensidad ni el mismo perfil aromático. Algunas variedades destacan por sus notas verdes y picantes, ideales para pastas y verduras, mientras que otras son más suaves y afrutadas, perfectas para postres o pescados delicados. El cocinero profesional entiende el aceite como un ingrediente más de la receta, no como un añadido secundario.
También influye la cantidad. El acabado debe ser preciso y equilibrado. Un exceso puede ocultar sabores y romper la armonía del plato. Por eso, muchos chefs utilizan cucharas dosificadoras, pipetas o pequeñas aceitera de servicio para controlar exactamente la intensidad aromática que desean aportar. En cocina profesional, cada gota tiene intención.
Otro aspecto importante es la temperatura del plato. El calor moderado ayuda a liberar los aromas del aceite sin degradarlos. Cuando el aceite entra en contacto con una sopa caliente, una pasta recién hecha o un pescado templado, sus compuestos volátiles se expanden rápidamente y llegan al comensal de forma inmediata. Esa primera impresión aromática es fundamental en la experiencia gastronómica.
El auge del producto de origen y de la cocina honesta ha reforzado todavía más el valor del aceite de oliva extra virgen como acabado final. Los consumidores buscan sabores auténticos y reconocibles, y el aceite en crudo responde perfectamente a esa tendencia. Un buen aceite puede aportar identidad territorial, carácter y autenticidad a un plato con un gesto mínimo.


En definitiva, el acabado final con aceites de primera presión es mucho más que una moda gastronómica. Es una técnica que combina sensibilidad, conocimiento del producto y atención al detalle. En un contexto culinario donde la experiencia sensorial es cada vez más importante, el aceite de oliva extra virgen se consolida como uno de los recursos más poderosos para elevar cualquier preparación. Porque, a veces, la diferencia entre un plato bueno y uno inolvidable está simplemente en las últimas gotas.
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Las magdalenas marmoladas son el equilibrio perfecto entre suavidad, aroma y sabor casero. Cada bocado combina el sabor a vainilla delicada con el sabor intenso del cacao creando un contraste irresistible que conquista desde el primer bocado.

Son ideales para desayunos y meriendas  familiares o para acompañar un café recién hecho. Además de ser fáciles de preparar, su textura esponjosa y su aspecto las convierte en una receta clásica que nunca pasa de moda. Prepararlas en casa llena la cocina de un aroma dulce, cálido y verdaderamente acogedor para cualquier ocasión especial.

Si te gustan estas magdalenas te recomiendo también este brownie de chocolate y calabaza que está buenísimo.

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 Ingredientes:

     -   3 huevos L

     -   100g de azúcar

     -   200g de harina

     -   15g de levadura química o polvo de hornear

     -   125g de yogur natural

     -   85g de mantequilla derretida

     -   20g de cacao puro en polvo

     -   1 cucharadita de extracto de vainilla

     -   chispas de chocolate y azúcar para decorar

En un bol ponemos los huevos y el azúcar y los batimos con las varillas hasta que blanqueen y doblen su volumen. Añadimos el yogur  y mezclamos. Añadimos la mantequilla derretido y mezclamos. Por último añadimos la harina tamizada con la levadura y mezclamos bien.

Dividimos la masa en dos partes iguales. A una le añadimos la vainilla y mezclamos bien y al otro le ponemos el cacao en polvo y mezclamos bien.

Vamos echando en los moldes una cucharada de masa de vainilla y encima otra de cacao, así hasta llenar el molde hasta un poco más de la mitad del molde. Con una brocheta de madera o el pico de un cuchillo, mezclamos un poco ambas masas, sin mezclar en exceso para que no se nos venga abajo. 

Les ponemos un poco de azúcar por encima y  unas pepitas de chocolate.

Las horneamos con el horno precalentado a 180ºC, con calor arriba y abajo, sin aire durante 15 minutos. 


Las sacamos y dejamos enfriar. 

¡Listas para disfrutar!

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Ensalada de remolacha con palmitos. Julia y sus recetas
Descubre una ensaladilla diferente, fresca y colorida, una ensaladilla de remolacha con palmitos, preparada con remolacha tierna, palmitos suaves y una mezcla equilibrada de ingredientes seleccionados. Su sabor delicado combina notas dulces y cremosas, creando una opción ligera y deliciosa para cualquier ocasión. La textura de los palmitos aporta suavidad, mientras la remolacha añade intensidad y un toque de color vibrante.
Perfecta para acompañamiento , entrada o plato principal, esta ensaladilla se disfruta fría y tiene una presentación atractiva y apetecible. Ideal para quienes buscan sabores originales, nutritivos y llenos de frescura. 


La remolacha es un alimento maravilloso con excelentes propiedades nutricionales que siempre deberíamos tener en nuestra dieta. Tiene un valor calórico moderado y gran cantidad de fibra que nos dará la sensación de saciedad. Además de ser bastante agradable al paladar. Solo tenéis que hacer esta ensalada y ver lo buena que está.
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Ingredientes:
     -   2 remolachas cocidas (ya las vendes cocidas)
     -   1 tarro de palmitos (los venden el cualquier supermercado en conserva)
     -   1 patata
     -   1 lata de maíz dulce (opcional)
     -   2 huevos cocidos
     -   mayonesa casera (ver receta aquí)o comprada
Cocemos la patata con su piel, la pelamos y cortamos en cuadritos. Cortamos los palmitos en rodajas y la remolacha en cuadritos, picamos el huevo en trozos pequeños.

En un bol ponemos la remolacha cortada en cuadritos, la patata, el maíz escurrido, los huevos troceados, y algunos palmitos troceados.



 Lo mezclamos todo con la mayonesa.



Servimos la ensalada en el centro con algunos  palmitos alrededor.

¿Os apetece probarla?
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Dulces galletas craqueladas de almendra y naranja, sin gluten, perfectas para cualquier momento. 

Su exterior ligeramente crujiente esconde un interior tierno y aromático, donde la almendra aporta suavidad y la naranja un toque fresco y vibrante. Elaboradas con ingredientes naturales y seleccionados, son ideales para quienes buscan un capricho delicioso sin renunciar al bienestar. 

Cada bocado equilibra dulzor y acidez, creando una experiencia única. Disfrútalas con café, té  o solas, y déjate sorprender por su textura irresistible y su sabor casero que evoca tradición y cariño en cada pieza, perfectas para compartir en familia o regalar en ocasiones especiales siempre.

Si te han gustado estas galletas te recomiendo que veas también las pastas de almendra sin gluten que son buenísimas.

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 Ingredientes:

     -   2 huevo M

     -   200g de almendra molida

     -   120g de maicena más o menos

     -   60g de azúcar

     -   ralladura de 1 naranja

     -   azúcar glas para rebozar

   Ponemos en un bol  los huevos y el azúcar, batimos un poco con las varillas y añadimos la ralladura de naranja, mezclamos y añadimos la almendra molida, ponemos la harina tamizada  y mezclamos para formar una masa que no se pegue en las manos.

Ponemos azúcar glas en un cuenco y vamos haciendo bolitas con la masa y las aplastamos un poquito, las rebozándolas en el azúcar glas. Deben estar bien cubiertas de azúcar. 

Las colocamos en la bandeja de horno cubierta con papel vegetal y las horneamos con el horno precalentado a 180ºC, calor arriba  y abajo durante 12 minutos.


Las sacamos y dejamos enfriar, no las tocamos hasta que no estén frías porque se pueden romper. 

¡Quedan buenísimas!

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La Vichyssoise es una crema conocida mundialmente. Elaborada con puerro, patata y leche o nata. Se sirve muy fría en un plato o cuenco hondo.
Sus orígenes se discuten, está entre Francia y Estados Unidos, aunque su descubrimiento se atribuye al cocinero francés Louis Diat, que trabajaba el en Ritz-Carlton de Nueva York durante la Primera Guerra Mundial.

Ésta es la que suelo hacer yo en casa. En invierno la pongo en caliente y ahora en verano, en frío, sienta estupendamente. 
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Ingredientes:
     -   3 puerros
     -   2 patatas
     -   1 cebolla
     -   1 taza de leche desnatada o nata vegetal
     -   1 cucharada sopera de mantequilla con sal
     -   sal al gusto
     -   caldo de carne o de verdura 
     -   pimienta molida al gusto
Primero picamos la cebolla en trozos pequeños.
Ponemos una cucharada sopera de mantequilla con sal en una cazuela y cuando se haya derretido añadimos la cebolla picada, la rehogamos y seguidamente añadimos los puerros limpios y picados en rodajas. Añadimos las patatas troceadas y lo rehogamos todo.


Lo cubrimos con agua o caldo de carne o de verdura y lo dejamos cocer  unos 15-20 minutos. Le añadimos pimienta molida y sal al gusto. Dejamos cocer unos minutos más hasta que esté cocido.
Por último añadimos la leche desnatada o nata vegetal y trituramos con la batidora hasta conseguir una crema fina. Si queremos podemos colarla con un colador o un chino.



La dejamos enfriar y la metemos en el frigorífico. La servimos bien fresquita. La podemos acompañar de picatostes, trocitos de manzana, huevos duros picados... y unas gotitas de aceite de oliva, a tu gusto.



¡Es muy rica!

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El origen de la tarta tatin de manzana se remonta al siglo XIX en Francia, en el pequeño hotel de las hermanas Tatin, en Lamotte Beuvron. 

Según la leyenda, una de ellas olvidó colocar la masa antes de las manzanas caramelizadas y decidió cubrirlas después, horneando el conjunto invertido. El resultado fue un postre delicioso, con frutas doradas y base crujiente.

Con el tiempo, la receta se popularizó en todo el país y luego en el mundo, convirtiéndose en un clásico de la repostería francesa, apreciado por su sencillez, sabor intenso y elegante presentación y su fama sigue creciendo hasta hoy.

Hay otras versiones de esta tarta  como por ejemplo la tatin de pera que queda deliciosa también.

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 Ingredientes para un molde de 24cm:

     -   1 lámina de hojaldre redonda o cuadrada

     -   5-6 manzana medianas

     -   100g de azúcar

     -   2 cucharaditas de agua

     -   40g de mantequilla

     -   canela molida 

Pelamos las manzanas, les quitamos el corazón y las partimos en cuartos. Las ponemos en un cuenco con un chorreón de zumo de limón y canela molida. las mezclamos bien y las reservamos.

En una sartén apta para horno ponemos el azúcar y las cucharaditas de agua y la llevemos al fuego medio hasta formar un caramelo dorado, no demasiado oscuro, añadimos la mantequilla y dejamos que se derrita y cueza durante un minuto, añadimos las manzanas , las mezclamos bien con el caramelo y dejamos que se hagan durante 5 minutos más o menos, hasta que haya reducido un poco el caldito que se forma. Las retiramos del fuego y colocamos los gajos de manzana con el corazón hacia arriba, para que al voltearla queden bonitas. 

Cortamos el hojaldre dos centímetros más grande que la medida de la sartén, lo colocamos encima de las manzanas y doblamos los bordes hacia dentro, lo pinchamos un poquito con un tenedor o cuchillo para que salga el vapor. Podemos pincharlo antes de colocarlo en la sartén o después de colocado.

Lo horneamos con el horno precalentado a 180ºC, con calor arriba y abajo durante 30 minutos aproximadamente, hasta que el hojaldre haya dorado.

La sacamos y dejamos enfriar un poquito, pero debemos desmoldarla aun caliente para que el caramelo no endurezca.


La servimos a temperatura ambiente o fresquita, a vuestro gusto.

¡Queda buenísima!

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Incorporar el pollo en la alimentación diaria es una de las formas más sencillas de mantener una dieta equilibrada sin complicarse en la cocina. Se trata de una proteína magra, accesible y fácil de preparar, que admite múltiples combinaciones y técnicas de cocción. Esto permite crear platos saludables, sabrosos y rápidos, ideales para quienes tienen poco tiempo pero no quieren renunciar a comer bien. 
Y eso sí, siempre será carne de calidad para preparar diferentes platillos.
Una de las grandes ventajas del pollo es su capacidad para adaptarse a diferentes estilos de cocina. Desde preparaciones más tradicionales hasta opciones con toques internacionales, siempre es posible encontrar una receta que encaje con nuestros gustos.  Porque una de las claves para incorporar el pollo en una alimentación saludable es optar por métodos de cocción sencillos, como el horno, la plancha o el vapor, evitando frituras y salsas demasiado pesadas.


Un buen ejemplo de esto son los rollitos de pollo al horno con verduras. Esta receta combina sencillez y equilibrio nutricional en un solo plato. La idea es utilizar filetes finos de pollo que se rellenan con verduras frescas, como pimientos, calabacín o zanahoria. Una vez enrollados, se hornean con un chorrito de aceite de oliva y especias al gusto. El resultado es un plato vistoso, jugoso y lleno de color, perfecto para una comida completa sin necesidad de añadir acompañamientos pesados.


Otra opción muy práctica, especialmente para quienes buscan alternativas saludables para el día a día, es el fiambre casero de pollo con queso. Prepararlo en casa permite controlar los ingredientes y evitar los aditivos habituales de los productos procesados. Se elabora triturando carne de pollo con un poco de queso y condimentos, formando una mezcla homogénea que se cocina hasta quedar firme. Después se deja enfriar y se corta en lonchas. Es ideal para bocadillos, desayunos o cenas ligeras, y se puede conservar varios días en la nevera.

Cuando se quiere dar un toque diferente sin complicar la receta, los muslos de pollo asados a la naranja son una excelente alternativa. El contraste entre el sabor cítrico de la naranja y la intensidad del pollo crea un plato muy aromático. Basta con exprimir unas naranjas, añadir hierbas como tomillo o romero y hornear los muslos hasta que estén dorados. Durante la cocción, el jugo se reduce y forma una especie de salsa natural que aporta jugosidad sin necesidad de ingredientes adicionales.


Para quienes disfrutan de sabores más especiados, las alitas al horno con toque marroquí ofrecen una experiencia distinta y muy fácil de preparar. En lugar de recurrir a frituras, las alitas se adoban con una mezcla de especias como comino, cúrcuma, pimentón y un ligero toque dulce, y luego se hornean hasta que quedan crujientes por fuera. Este tipo de preparación demuestra que es posible obtener platos intensos y sabrosos sin necesidad de técnicas complicadas ni ingredientes poco saludables.


Por otro lado, las pechugas de pollo al yogur son una opción ideal para quienes buscan una comida ligera pero llena de sabor. El yogur actúa como marinada, ayudando a que la carne quede más tierna y jugosa. Al combinarlo con especias como ajo, limón o curry, se consigue un plato muy aromático que puede cocinarse rápidamente. Es perfecto para acompañar con una ensalada o verduras al vapor, formando una comida equilibrada y fácil de digerir.

Más allá de las recetas concretas, lo importante es entender que el pollo permite organizar menús semanales de forma eficiente. Muchas de estas preparaciones se pueden hacer con antelación y conservar en la nevera, lo que facilita mantener hábitos saludables incluso en días con poco tiempo. Cocinar en casa no tiene por qué ser complicado; con ingredientes básicos y un poco de planificación, es posible crear platos nutritivos y variados.

En definitiva, el pollo es un aliado clave para quienes buscan comer saludable sin invertir demasiado esfuerzo. Gracias a su versatilidad, se pueden preparar recetas como los rollitos al horno con verduras, el fiambre casero con queso, los muslos a la naranja, las alitas con especias marroquíes o las pechugas al yogur, todas ellas sencillas y nutritivas. Apostar por este tipo de platos no solo mejora la calidad de la dieta, sino que también hace que cocinar en casa sea una experiencia más práctica y agradable.

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Hoy os dejo unos deliciosos conos de hojaldre ,crujientes por fuera y ligeros por dentro, envuelve una suave nata montada que se deshace en la boca.  Cada bocado combina la textura hojaldrada con la fres cura duce y equilibrada de su relleno, creando una experiencia irresistible.

Perfectos para acompañar un café, celebrar momentos especiales o simplemente darse un capricho. su aroma invita a disfrutarlos lentamente, apreciando cada detalle artesanal. Elaborados con ingredientes de calidad, estos conos son un clásico que nunca falla y siempre conquista a quienes buscan un postre elegante, delicioso y lleno de encanto para compartir en familia o sorprender a invitados especiales.
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 Ingredientes:
    -   1 plancha de hojaldre
    -   200 ml de nata para montar (ver receta de como montar nata)
    -   3 cucharadas soperas de azúcar glas para montar la nata
    -   1 huevo batido o leche para pintar
    -   margarina para untar los moldes
    -   chocolate negro o con leche 
    -   almendra con su piel marrón, picada para espolvorear
Los conos se pueden comprar hechos metálicos o formarlos con papel aluminio cómo veis en la imagen.
Los untamos por fuera con mantequilla y los reservamos.

Extendemos el hojaldre y cortamos círculos de unos 10cm de diámetro. El tamaño depende de como queramos hacerlos de grandes.


Colocamos el cono con el pico en un extremo y doblamos el hojaldre uno encima del otro mojando previamente por dentro con agua el extremos que vamos a montar y apretamos un poquito para que se pegue y al cocer no se deforme el cono. Los colocamos en la bandeja de horno cubierta con papel vegetal.

Los pintamos por encima con huevo batido o con leche y los horneamos con el horno precalentado a 200ºC, calor arriba y abajo , sin aire durante 10-15 minutos. cuando veamos que están dorados los sacamos y dejamos enfriar.


Derretimos el chocolate en el microondas o al baño maría y pintamos los conos por el borde y espolvoreamos por encima del chocolate con almendra picada , los metemos en el frigorífico para que endurezca el chocolate unos 5 minutos.
Mientras, montamos la nata con el azúcar glas hasta que esté bien espesa y la metemos en una manga pastelera.

Sacamos los conos del frigorífico y los rellenamos con la nata montada. También podemos rellenarlos con helado o con crema pastelera. Los servimos y quedan deliciosos.

¡Muy ricos!
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