Los Zeppole di San Giuseppe son unas rosquillas fritas, típicas napolitanas, rellenas de crema que se toman principalmente el 19 de Marzo, en el día de San José.
Pero si queremos que las rosquillas sean menos pesadas y un poquito más ligeras las podemos hacer al horno en vez de fritas.
Yo he decidido hacerlas al horno, por eso de que son más sanas y así tengo menos remordimientos .
Para poder ver el proceso más completo, os dejo la receta en vídeo y si os gusta, podéis suscribiros a mi canal youtube.
Ingredientes: Para la pasta choux: Ver receta aquí
- 150g de harina floja
- 100ml de agua
- 125ml de leche
- 4 huevos
- 90g de margarina
- 10g de azúcar
- una pizca de sal Para la crema pastelera: ver receta aquí
- 2 huevos
- 250 ml de nata líquida o leche
- 4 cucharadas soperas de azúcar
- 1 cucharada sopera de Maizena (harina de maíz refinada)
- cerezas confitadas para decorar
- azúcar glas para espolvorear
Hacemos la pasta choux como dice la receta (podéis ver el paso a paso aquí). Dejamos que se enfríe del todo y la ponemos en una manga pastelera de boquilla rizada gorda.
Hacemos la crema como dice la receta Podéis ver el paso a paso aquí. Dejamos que se enfríe y la metemos en una manga pastelera de boquilla rizada mediana.
Una vez fría la pasta choux, vamos haciendo los buñuelos encima de un papel de horno en la bandeja de horno. Primero hacemos una base redonda y hacemos un círculo alrededor (ver la foto)
Precalentamos el horno a 180ºC y las cocemos unos 15 minutos, luego, dejamos que se enfríen dentro del horno con la puerta entreabierta unos 10 minutos.
Los sacamos dejamos que se enfríen totalmente y los rellenamos con la crema pastelera. Los adornamos con una guinda en almíbar encima.
Por último las espolvoreamos con azúcar glas.
¡Un dulce delicioso!
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Hoy te dejo un delicioso pollo al horno con mayonesa, preparado lentamente para lograr una piel crujiente y una carne jugosa y llena de sabor.
Ideal para compartir en familia, disfrutar con amigos o darte un gusto en cualquier ocasión. Nuestro pollo destaca por su sazón especial y su aroma recién horneado que abre el apetito desde el primer instante. Perfecto con patatas, ensalada o pan caliente, es una opción práctica, sabrosa y llena de calidad que siempre deja ganas de repetir una vez más. Si te ha gustado esta receta te recomiendo el pollo asado a la naranja que es delicioso.
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Ingredientes:
- 4 muslos de pollo
- 4 cucharadas soperas de mayonesa
- 1 limón
- 1 cucharada sopera de mostaza
- 1 cucharadita de pimentón dulce
- 3 dientes de ajo picaditos o machacados
- sal al gusto
- pimienta molida al gusto
En un bol ponemos la mayonesa, los ajos machacados, la mostaza, el pimentón y el zumo de limón y lo mezclamos todo.
En una fuente de horno ponemos los muslos de pollo y les ponemos sal y pimienta molida al gusto.
Añadimos la marinada y los untamos bien. Los dejamos reposar 30 minutos.
Los horneamos, con el horno precalentado a 180ºC, con calor arriba y abajo sin aire durante 60 minutos. A la media hora les damos la vuelta para que se hagan bien por los dos lados.
Lo servimos con patatas, ensalada o con un buen pan para mojar en la salsa.
¡Queda buenísimo!
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Esta mousse de fresas combina suavidad, frescura y un sabor delicadamente dulce que conquista desde la primera cucharada.
Preparada con fresas frescas y maduras y una crema ligera ofrece una textura aireada perfecta para cualquier ocasión. Es un postre elegante, sencillo y refrescante, ideal para compartir en reuniones familiares o con amigos en celebraciones especiales o simplemente para terminara una buena comida.
Su color y aroma natural despierta los sentidos, mientras en cada bocado aporta equilibrio entre cremosidad y fruta fresca. servida fría y decorada con trozos de fresa y hojas de menta esta mousse siempre sorprende y encanta a todos los invitados.
Si te ha gustado esta receta te recomiendo que veas la tarta de fresas con nata que es una delicia.
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Ingredientes para 6 cuencos:
Para la mousse:
- 300g de fresas limpias
- 200 ml de nata para montar
- 1 clara de huevo (opcional)
- 3 cucharadas soperas de azúcar
- 2 láminas de gelatina neutra (3,5g en polvo)
Para adornar:
- Fresas frescas y hojas de menta
Hacemos las mousse:
Ponemos la gelatina en remojo en agua fría 5 minutos.
Trituramos las fresas con el azúcar y las colamos para quitarle las pepitas.
En un cuenco ponemos un poco puré de fresas y lo calentamos en el fuego o en microondas, añadimos la gelatina escurrida y la movemos hasta que se disuelva (fuera del fuego), le añadimos el resto del puré de fresas poco a poco mientras vamos moviéndolo para que se mezcle todo bien. Lo dejamos que se temple a temperatura ambiente.
Montamos la clara a punto de nieve con una pizca de sal.
Montamos la nata bien consistente.
Añadimos el puré de fresas a la nata montada con movimientos envolventes, a continuación añadimos la clara montada y mezclamos con cuidado que no se bajen.
Ponemos la mousse en los cuencos sin llenarlas hasta el final y las metemos en el frigorífico 1 hora.
La sacamos decoramos con fresas frescas y la servimos bien fresquita. También podemos servirla con nata montada.
La dejamos en el frigorífico hasta que esté bien fresquita. Lista para comer.
¿Os apetece una?
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EL ACABADO FINAL: Cómo elevar tus platos con aceites de primera presión
En la cocina profesional, los grandes detalles suelen marcar la diferencia entre un plato correcto y una experiencia memorable. Uno de esos secretos está en el uso del “crudo”, es decir, la incorporación de ingredientes sin someterlos a cocción para conservar intactos sus aromas, matices y propiedades. Dentro de este universo, el aceite de oliva extra virgenocupa un lugar privilegiado. Más que una grasa culinaria, se ha convertido en un ingrediente de acabado capaz de transformar por completo la percepción de un plato.
Cuando un chef añade unas gotas de aceite justo antes de servir, no lo hace únicamente por estética. El objetivo es potenciar aromas, aportar profundidad y crear un contraste fresco que complemente la preparación.
Un aceite de primera presión en frío conserva notas vegetales, frutadas y herbáceas imposibles de mantener tras largas cocciones. Ese perfume a hierba recién cortada, tomate verde o almendra fresca puede despertar sabores dormidos y añadir una dimensión completamente nueva.
La cocina contemporánea ha recuperado esta práctica con una mirada más técnica y sensorial. Hoy se entiende que el calor excesivo destruye parte de los compuestos aromáticos más delicados del aceite. Por eso, utilizarlo en crudo permite aprovechar todo su potencial organoléptico. En restaurantes de alta cocina y también en propuestas más tradicionales, el aceite de oliva extra virgen se utiliza como el último gesto del cocinero, casi como si fuera un condimento aromático de precisión.
Uno de los ejemplos más claros se encuentra en la pasta. Un plato aparentemente sencillo puede cambiar radicalmente con el aceite adecuado. Una pasta fresca de espinacas con parmesano, pimienta negra y unas gotas de un aceite intenso gana frescura y complejidad inmediatamente. El aroma verde del aceite se mezcla con el vapor del plato caliente y crea una experiencia olfativa que anticipa el sabor antes incluso del primer bocado. El resultado es una sensación más viva, más elegante y mucho más equilibrada.
En las cremas de verduras ocurre algo similar.
Una crema de calabacín, puerro o judías verdes puede resultar suave y reconfortante, pero a veces necesita un contraste que aporte personalidad. Ahí es donde entra el aceite en crudo. Un hilo fino de aceite de oliva extra virgen añade notas vegetales que refuerzan el sabor natural de las verduras y aporta una textura sedosa en boca. Además, el brillo superficial mejora visualmente el emplatado, un aspecto esencial en la gastronomía profesional.
El uso del aceite como acabado no se limita a platos salados. En los últimos años, la repostería ha descubierto el enorme valor gastronómico de los aceites de alta calidad. Un helado de vainilla, un bizcocho de cítricos o incluso una mousse de chocolate negro pueden enriquecerse con unas gotas de aceite justo antes de servir. El contraste entre el dulzor y las notas herbáceas genera una sensación sofisticada y sorprendente. En algunos casos, el aceite aporta incluso recuerdos afrutados que sustituyen o complementan ingredientes tradicionales como la mantequilla o las natas.
La clave está en elegir el aceite correcto para cada elaboración. No todos los aceites tienen la misma intensidad ni el mismo perfil aromático. Algunas variedades destacan por sus notas verdes y picantes, ideales para pastas y verduras, mientras que otras son más suaves y afrutadas, perfectas para postres o pescados delicados. El cocinero profesional entiende el aceite como un ingrediente más de la receta, no como un añadido secundario.
También influye la cantidad. El acabado debe ser preciso y equilibrado. Un exceso puede ocultar sabores y romper la armonía del plato. Por eso, muchos chefs utilizan cucharas dosificadoras, pipetas o pequeñas aceitera de servicio para controlar exactamente la intensidad aromática que desean aportar. En cocina profesional, cada gota tiene intención.
Otro aspecto importante es la temperatura del plato. El calor moderado ayuda a liberar los aromas del aceite sin degradarlos. Cuando el aceite entra en contacto con una sopa caliente, una pasta recién hecha o un pescado templado, sus compuestos volátiles se expanden rápidamente y llegan al comensal de forma inmediata. Esa primera impresión aromática es fundamental en la experiencia gastronómica.
El auge del producto de origen y de la cocina honesta ha reforzado todavía más el valor del aceite de oliva extra virgen como acabado final. Los consumidores buscan sabores auténticos y reconocibles, y el aceite en crudo responde perfectamente a esa tendencia. Un buen aceite puede aportar identidad territorial, carácter y autenticidad a un plato con un gesto mínimo.
En definitiva, el acabado final con aceites de primera presión es mucho más que una moda gastronómica. Es una técnica que combina sensibilidad, conocimiento del producto y atención al detalle. En un contexto culinario donde la experiencia sensorial es cada vez más importante, el aceite de oliva extra virgen se consolida como uno de los recursos más poderosos para elevar cualquier preparación. Porque, a veces, la diferencia entre un plato bueno y uno inolvidable está simplemente en las últimas gotas.
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Las magdalenas marmoladas son el equilibrio perfecto entre suavidad, aroma y sabor casero. Cada bocado combina el sabor a vainilla delicada con el sabor intenso del cacao creando un contraste irresistible que conquista desde el primer bocado.
Son ideales para desayunos y meriendas familiares o para acompañar un café recién hecho. Además de ser fáciles de preparar, su textura esponjosa y su aspecto las convierte en una receta clásica que nunca pasa de moda. Prepararlas en casa llena la cocina de un aroma dulce, cálido y verdaderamente acogedor para cualquier ocasión especial.
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Ingredientes:
- 3 huevos L
- 100g de azúcar
- 200g de harina
- 15g de levadura química o polvo de hornear
- 125g de yogur natural
- 85g de mantequilla derretida
- 20g de cacao puro en polvo
- 1 cucharadita de extracto de vainilla
- chispas de chocolate y azúcar para decorar
En un bol ponemos los huevos y el azúcar y los batimos con las varillas hasta que blanqueen y doblen su volumen. Añadimos el yogur y mezclamos. Añadimos la mantequilla derretido y mezclamos. Por último añadimos la harina tamizada con la levadura y mezclamos bien.
Dividimos la masa en dos partes iguales. A una le añadimos la vainilla y mezclamos bien y al otro le ponemos el cacao en polvo y mezclamos bien.
Vamos echando en los moldes una cucharada de masa de vainilla y encima otra de cacao, así hasta llenar el molde hasta un poco más de la mitad del molde. Con una brocheta de madera o el pico de un cuchillo, mezclamos un poco ambas masas, sin mezclar en exceso para que no se nos venga abajo.
Les ponemos un poco de azúcar por encima y unas pepitas de chocolate.
Las horneamos con el horno precalentado a 180ºC, con calor arriba y abajo, sin aire durante 15 minutos.
Las sacamos y dejamos enfriar.
¡Listas para disfrutar!
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Descubre una ensaladilla diferente, fresca y colorida, una ensaladilla de remolacha con palmitos, preparada con remolacha tierna, palmitos suaves y una mezcla equilibrada de ingredientes seleccionados. Su sabor delicado combina notas dulces y cremosas, creando una opción ligera y deliciosa para cualquier ocasión. La textura de los palmitos aporta suavidad, mientras la remolacha añade intensidad y un toque de color vibrante.
Perfecta para acompañamiento , entrada o plato principal, esta ensaladilla se disfruta fría y tiene una presentación atractiva y apetecible. Ideal para quienes buscan sabores originales, nutritivos y llenos de frescura.
La remolacha es un alimento maravilloso con excelentes propiedades nutricionales que siempre deberíamos tener en nuestra dieta. Tiene un valor calórico moderado y gran cantidad de fibra que nos dará la sensación de saciedad. Además de ser bastante agradable al paladar. Solo tenéis que hacer esta ensalada y ver lo buena que está.
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Ingredientes:
- 2 remolachas cocidas (ya las vendes cocidas)
- 1 tarro de palmitos (los venden el cualquier supermercado en conserva)
- 1 patata
- 1 lata de maíz dulce (opcional)
- 2 huevos cocidos
- mayonesa casera (ver receta aquí)o comprada
Cocemos la patata con su piel, la pelamos y cortamos en cuadritos. Cortamos los palmitos en rodajas y la remolacha en cuadritos, picamos el huevo en trozos pequeños.
En un bol ponemos la remolacha cortada en cuadritos, la patata, el maíz escurrido, los huevos troceados, y algunos palmitos troceados.
Lo mezclamos todo con la mayonesa.
Servimos la ensalada en el centro con algunos palmitos alrededor.
¿Os apetece probarla? Lo mismo os apetece hacer alguna de estas recetas que os dejo en vídeo, y suscribiros a mi canal de YouTube
Dulces galletas craqueladas de almendra y naranja, sin gluten, perfectas para cualquier momento.
Su exterior ligeramente crujiente esconde un interior tierno y aromático, donde la almendra aporta suavidad y la naranja un toque fresco y vibrante. Elaboradas con ingredientes naturales y seleccionados, son ideales para quienes buscan un capricho delicioso sin renunciar al bienestar.
Cada bocado equilibra dulzor y acidez, creando una experiencia única. Disfrútalas con café, té o solas, y déjate sorprender por su textura irresistible y su sabor casero que evoca tradición y cariño en cada pieza, perfectas para compartir en familia o regalar en ocasiones especiales siempre.
Si te han gustado estas galletas te recomiendo que veas también las pastas de almendra sin gluten que son buenísimas.
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Ingredientes:
- 2 huevo M
- 200g de almendra molida
- 120g de maicena más o menos
- 60g de azúcar
- ralladura de 1 naranja
- azúcar glas para rebozar
Ponemos en un bol los huevos y el azúcar, batimos un poco con las varillas y añadimos la ralladura de naranja, mezclamos y añadimos la almendra molida, ponemos la harina tamizada y mezclamos para formar una masa que no se pegue en las manos.
Ponemos azúcar glas en un cuenco y vamos haciendo bolitas con la masa y las aplastamos un poquito, las rebozándolas en el azúcar glas. Deben estar bien cubiertas de azúcar.
Las colocamos en la bandeja de horno cubierta con papel vegetal y las horneamos con el horno precalentado a 180ºC, calor arriba y abajo durante 12 minutos.
Las sacamos y dejamos enfriar, no las tocamos hasta que no estén frías porque se pueden romper.
¡Quedan buenísimas!
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La Vichyssoise es una crema conocida mundialmente. Elaborada con puerro, patata y leche o nata. Se sirve muy fría en un plato o cuenco hondo.
Sus orígenes se discuten, está entre Francia y Estados Unidos, aunque su descubrimiento se atribuye al cocinero francés Louis Diat, que trabajaba el en Ritz-Carlton de Nueva York durante la Primera Guerra Mundial.
Ésta es la que suelo hacer yo en casa. En invierno la pongo en caliente y ahora en verano, en frío, sienta estupendamente.
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Ingredientes:
- 3 puerros
- 2 patatas
- 1 cebolla
- 1 taza de leche desnatada o nata vegetal
- 1 cucharada sopera de mantequilla con sal
- sal al gusto
- caldo de carne o de verdura
- pimienta molida al gusto
Primero picamos la cebolla en trozos pequeños.
Ponemos una cucharada sopera de mantequilla con sal en una cazuela y cuando se haya derretido añadimos la cebolla picada, la rehogamos y seguidamente añadimos los puerros limpios y picados en rodajas. Añadimos las patatas troceadas y lo rehogamos todo.
Lo cubrimos con agua o caldo de carne o de verdura y lo dejamos cocer unos 15-20 minutos. Le añadimos pimienta molida y sal al gusto. Dejamos cocer unos minutos más hasta que esté cocido.
Por último añadimos la leche desnatada o nata vegetal y trituramos con la batidora hasta conseguir una crema fina. Si queremos podemos colarla con un colador o un chino.
La dejamos enfriar y la metemos en el frigorífico. La servimos bien fresquita. La podemos acompañar de picatostes, trocitos de manzana, huevos duros picados... y unas gotitas de aceite de oliva, a tu gusto.
¡Es muy rica!
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Sí, soy yo. Julia, una manchega de nacimiento y andaluza de adopción. Actualmente vivo "En un lugar de la Mancha..." cercano a Toledo. Este blog va dedicado a mis hijos y a todas aquellas personas que se inicien en la cocina.